No hay
horas sorprendidas
si el
reposo entre tus brazos
se
extiende hasta mi sangre.
No hay
dulzura en el olvido
si la voz
callada retiene
tu cálida
presencia.
No hay
mundo en el recuerdo
si nado
hasta la otra orilla
y en el
vaivén del sueño te pierdo.
No hay
calma en mi llegada
si el
límite de tus labios
es la
sombra de mi gozo.
©José
Manuel Serna
2013
